Yo siempre explico en el consultorio
que no hay tantas misiones como individuos
LA MISIÓN es sólo una…
EL AMOR
MISIÓN…
una palabra que han tironeado de todos lados hasta rasgarla, hasta hacerla trasparente.
”MISIÓN” como palabra deja su primer registro lingüístico alrededor de 1590, y acuñada principalmente por los jesuitas que le dan el sentido de “Ser enviado”
Sin embargo si bien viene directamente del verbo en latín “mittere”, tiene sus raíces más arcaicas en el indoeuropeo «smit» (tirar, arrojar) que se remonta al gótico en “maidjan» (Dejar ir), que a su vez tiene raíz en el sánscrito “mimetha” (convertirse en disputa o controversia).
Esto podría sintetizarse en:
El acto para el que
somos esparcidos como semillas,
cuyas raíces rompen lo conocido
y fructifican para alimentar
nuevas posibilidades.
Y tal como semillas
somos la potencia de la misión
hasta que la desarrollamos
y entonces desaparecemos.
Porque ahora somos el fruto
que sólo será válido
cuando genuinamente
alimente a otro.
Un audio de Whatsapp de una Maestra que tengo el honor de mentorear, me cuenta su felicidad al recibir (a su vez) un audio de un cliente agradeciéndole por toda la guía, el trabajo y el acompañamiento durante un proceso que le permitió llegar a una etapa completamente diferente y luminosa de su vida. RE-NACER
Y ella a su vez extendía su gratitud y su reconocimiento a mi participación en su propio proceso de crecimiento y desarrollo, que le permitió ser este recurso tan valioso para su cliente. En esos momento es como si un millón de globos despegaran desde mi corazón emocionado para encontrar las nubes.
Apenas unos minutos después una cliente me envía un audio hablándome de su proceso, de todo lo que ha avanzado, del lugar increíble en que se encuentra y al que no pensó llegar jamás, me habla de su felicidad de despertar, de reencontrarse, de reconocerse, de RE-NACER.
Y reza una frase que a veces aparece…
“Por qué no te habré escuchado antes” . Solo que como viene del interior de una mujer renovada, siguen inmediatamente un “Bueno, no importa te estoy escuchando ahora”
Y recién entonces yo puedo dimensionar en todo su esplendor, la magnitud del progreso. Frente a mi habla una mujer completa, consciente, honorable y poderosa… Y me agradece por eso. QUÉ PRIVILEGIO!!
Yo?
Yo no entro en el pecho de felicidad.
El mérito, por supuesto, no es mío, es de ellas. Pero el placer, el honor y la satisfacción de haber sido recurso valioso es una sensación indescriptible. Es como si en ese momento se borrara todo y por una fracción de segundo me asomara al infinito en conciencia de naturaleza trascendente, mi Misión y su cumplimiento.
Como si todo no fuera suficiente, la mera sincronicidad hace que no haya dónde «esconderme» y me encuentre permitiéndome estar orgullosa de mi ocupación.
PURA VIDA!!
Yo siempre explico en el consultorio que no hay tantas misiones como individuos LA MISIÓN es sólo una… EL AMOR
Porque en tanto Seres Trascendentes somos emanaciones del AMOR (Dios, el Todo, el Universo, el Yo Supremo…como te guste) esparcidos en la 3ra dimensión con el único fin de experimentar la infinitud de aspectos del AMOR (y eso, claro, incluye cuando está presente y cuando no lo está).
Así que cuando hablamos de “LA MISIÓN PERSONAL”
a lo que nos referimos en realidad, es de qué modo
se manifestará en obras
ese AMOR que hemos encarnado.
Y eso tendrá, indudablemente,
relación con nuestra matriz temporal.
(Es decir con las características
con que nos hemos “diseñado” para encarnar)
Es otoño…
Y el otoño es como el final de una melodía, sabemos que la enérgica sinfonía del verano está terminando, pero al sol aún le quedan unos allegros y unos regalos.
Entre ellos los membrillos.
Aparecen justo en el momento que las frutas parecen apagarse, como reclamando un territorio de esplendor que declara que aún es tiempo y que los placeres no terminan.
Escuchaba estos audios, me llenaba de emociones, y mientras tanto preparaba 2 kilos de unos membrillos maduros y carnosos.
¡Amo los membrillos!,
Su color, su perfume, su textura, su carne. Y mientras los corto pienso en LA MISIÓN, que tan lejana es en etimologías al TRABAJO y tan cercana es a la SIEMBRA.
Los membrillos son una fruta con personalidad.
No aceptan la ansiedad del bocado que expropia la materia sin detenerse en el rito de merecerla.
Demandan conocimiento, dedicación, confianza y paciencia.
A cambio, están dispuestos al proceso de abrirse, entregarse, de tener fe (al fin de cuentas no conocen a quién va a liderar el proceso de dejarlos listos para saborear) y de recibir (el calor, los ingredientes en incluso la transformación de su identidad de carne a una nueva identidad de pulpa que le permitirá volverse dulce).
El inicio es un potencial prometedor, pero duro, astringente, imposible de aprovechar en ese estado.
Hay que tener un plan, porque el plan definirá los pasos, y las proyecciones, y el camino. A diferencia de los membrillos que no pueden elegir, yo trazo el plan en base a los objetivos de mis clientes.
Hay que limpiar, corta, separa, preparar… Todo sirve, todo puede aprovecharse, pero los para qué, los cómo y los cuánto estarán directamente ligados al plan y la organización es primordial, no es lo mismo hacer jalea, que dulce, que postre.
Y mientras apronto todo disfrutando de antemano del proceso, conecto que el proceso de re-nacimiento de una persona es muy similar a hacer dulce de membrillos.
El fuego.
Ese elemento trasmutado por excelencia, también está presente en el proceso de re-nacimiento. Es indispensable para abrir, para ablandar, para suavizar la entrega. Cada cliente tiene sus fuegos y sus combustibles, encontrarlos, encenderlos y cuidarlos es mi labor; demasiado l@ consumiría y poco no alcanzaría para el proceso.
Atención constante, presente, junto con una observación aguda son indispensables, no todos los membrillos tienen la misma textura, algunos se desarman más rápido, otros necesitan un poco más de tiempo, o de fuerza, o de movimiento. Así mismo el individuo y su proceso son una mezcla única, y de mi dependerá ser capaz de reconocer cuál y cuánta es la energía correcta para aplicar en orden de contribuir con esa individualidad.
Los colores, los sabores, los perfumes sirven de indicadores, igual que las palabras, los gestos, los actos, las reacciones, cada uno de ellos son utilizados para ajustar, afinar y/o recalibrar el proceso.
Y al igual que los membrillos los procesos son extraordinarios, poderosos, inmensos e intensos, pero eso no significa que no puedan mejorarse aún más con condimentos. ¿Qué se puede sumar?, ¿qué combina perfecta con esos colores, esos sabores, esas texturas? ¿Qué es, en definitiva, lo que hará que ese proceso pase de ser un simple proceso de crecimiento personal a un genuino RENACIMIENTO?
Me gustan unas pizcas de sal de shitakes, con esos perfumes algo ahumados, uno o dos granos de pimienta, clavo de olor, o una monedita de jengibre, me gusta la canela, el vino, la vainilla, la miel y también la panela.
Y me gusta, especialmente, tener todos y cada uno de ellos, y poder elegir a medida que detecto que será mejor en esa precisa preparación en ese preciso momento. Del mismo modo, LA MISIÓN demanda preparación, aprendizajes de nuevas competencias, sinergias, rediseños.
No es una ciencia. LA MISIÓN es un arte.
No importa cuánta lógica y cuánto pensamiento deba poner en juego para estar al servicio, el resultado no es una ecuación.
Es un paisaje vivo, una obra de arte en cuerpo y alma en la que yo simplemente proveo los elementos, pero el individuo lleva a cabo.
Siempre pensé que la mujer ideal huele a membrillos cocidos, fresca pero profunda, cotidiana y así mismo exótica, compleja pero cercana… Y mientras el perfume de los membrillos inundaba el ambiente recordándome que el verano es posible más allá de los ciclos y gracias a ellos, estás dos mujeres maravillosas me perfumaban el alma con sus recién ganadas completudes y, al igual que los membrillos, me permitían el privilegio de disfrutar de su RENACIMIENTO
ESO ES SER AFORTUNADA…
ESO ES MISIÓN
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