POST (2)

QUE ESPERÁS PARA LIMITARTE?!!!

 

Quién no escuchó frases como:
“Hay que saber ponerle límites al otro para mantener una vida sana”
“Hay que romper los límites para una vida plena”


“Vivir sin límites”

Todas buscan lo mejor… y sin embargo se quedan en la intención. Probablemente porque nuestro cerebro reconoce en las frases fallos que le impiden asimilarlas.
Si poner límites es sano,..¿Vivir sin ellos no debería ser nocivo?
Si romper los límites es sinónimo de éxito, es natural que consideremos válido que el otro nos invada, debe ser que es más exitoso.

Hay algunas palabras que, como los personajes del genial Pirandello, andan en busca de comunicadores que dejen de usarlas como sinónimos, creando paradigmas que, buscando sumar, restan.

Una confusión muy común se da entre LÍMITE y FRONTERA.

LÍMITE

Viene del latín limes, cuyo genitivo es limitis y originalmente era el nombre del sendero que separaba una propiedad de otra.
Así «pasarse del límite» sería entrar en propiedad ajena, y el derecho romano permitía entonces la defensa a muerte de esa propiedad. El sendero era «tierra de nadie» por donde tanto ambas partes como extraños podían transitar con la tranquilidad de no estar provocando invasiones que les causara la muerte y a partir del cual cada propietario podía sentirse seguro en su territorio.

FRONTERA

En cambio es una formación romance a partir de fronte con sufijo -era (el sufijo -ero/-era viene del latín -arius/ -aria y marca relación.  La palabra fronte viene del latín frons, frontis (frente, semblante, parte anterior, fachada). El sentido originario de frontera es tanto una barrera que se nos presenta de frente y supone la parte frontal de un territorio opuesto, como la parte frontal o fachada de cualquier construcción.

Es decir, que el LÍMITE es hacia adentro,
la FRONTERA, hacia afuera, y el único modo de poder trazarla efectivamente es si se detenta la autoridada para hacerlo.

Entonces, cuando hablamos de ponerle límites al otro, en realidad estamos hablando de establecerle fronteras, y eso es muy difícil entre pares, porque cuando yo le digo al otro hasta dónde puede llegar atento contra el libre albedrío.
El límite se marca por Poder Personal, la frontera, en cambio por Autoridad Pública. El policía tiene la autoridad que le da la ley para poner una frontera al acto del otro de robar, los padres tiene la autoridad que les da su rol para establecer las fronteras de sus hijos etc.

El límite SIEMPRE es personal.
Uno no le pone límites al otro sino que define los límite para sí mismo. 

 

No existe un

“De acá no vas a pasar”,

lo que existe  es un

“De acá no voy a permitir-ME que pases”

 

No se trata de “Lo que tenés que dejar de hacerme” sino de lo que no me voy a permitir hacer/pasar/padecer/tolerar más».

Incluso con los hijos se trata de definir QUÉ SÍ Y QUÉ NO estamos dispuestos nosotros a permitir que pase, en vista de que somos los guardianes del mayor bien de ellos.

Por eso, la hipotética imposibilidad de ponerle límites al otro, no es más que una excusa para no hacernos cargo de “crecernos” y aceptar las responsabilidades de nuestros actos.

No se trata de cuanto poder tiene el otro, sino cuan impotentes somos a la hora de valorarnos y definir cuánto vale para nosotros el otro, en términos de «contrato establecido» (ya sea por roles, por circunstancias o por acuerdos especiales) y entonces hacernos cargos de los actos y las consecuencias necesarios para hacernos cumplir con ese límite que nos hemos marcado (incluya o no a otro)

A su vez la sinonimia comúnmente aceptada entre «LIMITE» y «CONFÍN» crea la confusión de que el LIMITE es algo castrante, supresor, características que son atribuibles al CONFÍN (de ahí CONFINAMIENTO)

CONFÍN

Viene del latín confinis y significa simplemente “que marca el fin” Sus componentes léxicos son: el prefijo con- (todo, junto) y finis (fin).

El límite es un espacio demarcado desde dentro y hacia dentro, y establecido para generar territorios seguros, confiables y nutricios.
Estos mismos territorios, debidamente de-limitados son los que nos permites saber quienes estamos siendo, tanto en nuestras capacidades, como en nuestros yerros y en nuestras competencias y esta conciencia, precisamente, es la que nos permite superar nuestros NIVELES.

La palabra NIVEL viene directo del provenzal nivel y este del latín libella que es el diminutivo de libra (balanza) y se refiere a ese tubito de vidrio lleno de agua con una burbuja de aire adentro, que sirve para encontrar la línea horizontal.

 

Es decir que cada vez que tomamos decisiones, nos comunicamos (coordinamos acciones)
nos rediseñamos, o nos atrevemos :
estamos eligiendo supera nuestro NIVEL,
(No nuestro LÍMITE), 
estamos inclinando la balanza a nuestro favor.

 

Si nosotros no revisamos nuestros niveles y no tomamos acciones disciplinadas, metódicas y consecuentes con nuestros objetivos entonces nada va a pasar, y es ahí que decidimos declararnos victimas de nuestras supuestas limitaciones que en realidad no son otros más que nuestros confinamientos (ahí donde nosotros creemos llegar a nuestro fin).

A su vez, si dos o más no pueden hacer coincidir y articular las fronteras de sus límites, entonces no están destinados a acompañarse en el camino. Y esa es, sobre todo, la razón por la que dejamos que los límites del otro invadan los nuestros, el miedo a la «perdida» sin evaluar si se trata de una genuina pérdida o de un blanqueamiento de las opciones; y entonces tomamos la posición de víctima, del Ser que padece el avasallamiento de la otredad en vez de protagonizar su destino.

Que tus LIMITES sean claros,
simples, directos y poderosos.
Que te olvides del ejercicio estéril de establecer FRONTERAS
cuando no te asista la autoridad necesaria,
que jamás te CONFINES
y siempre, pero siempre,
inclines el NIVEL a tu favor.

 

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