En una realidad
en la que el único bien irrecuperable es
EL TIEMPO,
no hay vampiro más peligroso
que el que se alimenta de tus minutos.
Parece muy obvio,
pero sin embargo son cada vez más las personas
tienden a abusar indiscriminadamente
del tiempo de atención y de trabajo
de sus prestadores de servicios.
Mensajes de audio interminables,
“Esta preguntitas rápidas”,
“Unas Consultitas no más”,
Mails que parecen los rollos del Mar Muerto,
“Una opinión nada más”
“Una idea”
«Mirá que lindo gatito»
«Esta cadena para que te traiga suerte» …
La creciente falta de genuino contacto, sumado a la posibilidad de la inmediatez (que es probablemente uno de los mayores parásitos de nuestro tiempo) promueve estos ejercicios de la demanda que pretenden declararse protagonistas de tu atención, tu trabajo y tu tiempo y depredarlos en su beneficio.
A pesar de que el fenómeno venía ya en franco crecimiento WHATSAPP contribuyó a que se masificara.
La posibilidad de la inmediatez de la que hablabamos, sumado a la facilidad del envío hace que cualquier se sienta con derecho a invadir la cotidianeidad ajena y depredar su tiempo. Queremos ser vistos, atendidos, respondidos y saciados con la misma celeridad con la que se disparó nuestra demanda, sin importar la prioridad del otro ni el millón de posibilidades por las que no nos responde en ese momentos (una de ellas QUE NO SE LE DA LA GANA y ya)
El verbo COMUNICAR viene del latín communicare
(compartir información)
y este de communis
(común, mutuo)
Nace en la fusión de los vocablos indoeuropeos
“ko” (vivir juntos) y “mei” (intercambio)
Es decir que COMUNICAR equivale a “constituirse y ser juntos intercambiando”.
Nada de esto tiene que ver
con darle al intercambio
entidad de INVASIÓN.
Sin embargo es
lo que más se hace presente
en los tiempos de las redes sociales
y el whatsapp.
De hecho, ES MUY COMÚN que las personas se arroguen el derecho a reclamarte amig@, en vez de prestador de un servicio, o consejero 24/7 (con excusas del tipo “no sé qué haría sin vos” o “yo sé que vos no me vas a fallar”) como un modo de poder hacer uso de tu atención y tu tiempo a su conveniencia y necesidad.
Y a esto se le suma la inclusión forzada a grupos de whatsapp que tiene el potencial de convertirnos en prestadores de servicios grupales ad-honnorem. Y, si la comunicación pierde muchos sentidos cuando no estamos cara a cara, cuando en el grupo no conocés verdaderamente a muchos de los participantes puede haber malentendidos, presuposiciones y, lo que más molesta, mensajes inoportunos, sea por el tema, sea por las horas, lo que hace que además de demandarnos tiempo y esfuerzo nos genere mayormente un mar de disconformes por no haber actuado/hablado según sus expectativas.
Siempre es bueno empezar por uno mismo a revisar la realidad en la que vive, así que antes que nada te invito a observar tus «PARA QUÉ»:
Cuál es el «sentido»
que hace que parte de tu ego se siente atraída
con recibir este tipo de mensajes?
Hasta qué punto estas declaraciones de imprescindibilidad, de protagonismo en la vida de los otros te lleva a la trampa de darle a los otros prioridad en tu vida?.
Ya que hayas revisado eso a conciencia, empecemos por establecer los parámetros para ordenar la comunicación:
La fórmula no es difícil, empieza con:
NO COBRES POR LO QUE NO TRABAJAS
NO TRABAJES POR LO QUE NO COBRÁS
Es tu primer filtro:
Todo aquel que se sienta incómodo con este comienzo debería revisar antes que nada SUS problemas con la autovaloración, el tiempo y el dinero, pero no trasladártelos para que les compenses (A FUERZA DE VAMPIRIZACIÓN) sus asuntos sin resolver.

Tu segundo filtro es interno:
No hay nada de generoso, amoroso o beatificador en el no saber ponerse límites o establecer fronteras claras. No se puede dar un amor que no se tiene. Si no reconocés que en tu vida tu tiempo es prioridad, claramente no te estás amando.
Es común que los profesionales me consulten porque están agobiados y sin tiempo por la demanda de sus clientes. Es igualmente común ver que el causante no es el cliente, sino la falta de límites, fronteras y ejercicios del «NO».
Los siglos de culturalización judeo-cristiana (en la que el paradigma del buen ser humano incluye la incondicionalidad, la modestia, el sacrificio y la plena disposición), parecen condicionarnos a sentirnos en falta si decimos NO. Como si poner órden en nuestro tiempo, y elegir no dar más de lo que podemos estuviese mal visto.

La fórmula completa sería:
NO COBRES POR LO QUE NO TRABAJAS
NO TRABAJES POR LO QUE NO COBRÁS
DALE A TU CLIENTE EL 100 %
CUANDO ESTÉS TRABAJANDO
DATE A VOS MISMO EL 100%
CUANDO NO ESTÉS TRABAJANDO
Porque sino en vez de un intercambio de valores en abundancia
se convierte en un intercambio de limosnas en carencia
donde ambos, inevitablemente, saldrán menospreciados.
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