AROMATERAPIA 1 (11)

AROMATERAPIA: SU HISTORIA 1º Parte

La historia de la Aromaterapia comienza con el hombre de Neanderthal, el cual, según creen los arqueólogos, fue uno de los primeros en usar medicamentos a base de plantas.

En excavaciones en América Central y del Norte se han encontrado, también, semillas de hierbas medicinales y piedras para moler, la antigua herramienta farmacológica, que datan del año 3.000 a.C.; sobre esta fecha también data un alambique hallado en el Himalaya.

La historia registrada por antiguos escribas deja constancia del uso terapéutico de las plantas y aceites aromáticos mucho antes del nacimiento de Cristo. En uno de los más antiguos manuales de medicina, escrito en el año 2.000 a.C., el emperador chino Kiwang-Ti describía las propiedades medicinales del opio, del ruibarbo y de la granada.

En Egipto las resinas y los aceites perfumados derivados de plantas desempeñaban un importante papel en el masaje y, sobre todo, en las prácticas funerarias egipcias. Los primeros embalsamadores momificaban a los muertos cubriendo sus cuerpos con una resina derretida de coníferas, que era importada y cuyo fin era la mayor conservación corporal, hecho vinculado a la praxis médica del momento.

También se incensaba para deleitar el olfato
y asegurar la buena voluntad de las divinidades.
En efecto, los egipcios creían que las medicinas
eran eficaces precisamente porque habían sido
prescriptas por alguno de los dioses.

Pero los perfumes también eran esenciales para los placeres de la vida egipcia. La mirra y el incienso, combinados con romero y tomillo, servían para hacer conos de grasa perfumados que los hombres usaban bajo sus elaboradas pelucas.

Los faraones, por supuesto, ordenaban los más raros perfumes: en la tumba del Rey Tut se encontraron delicados jarrones de alabastro llenos de perfumes los cuales retenían su aroma desde el año 1350 A.C.

Sin embargo fueron los alquimistas griegos los que inventaron la destilación; el destilar las esencias de las plantas, hirviéndolas o cociéndolas al vapor, preserva a la vez su fragancia y sus propiedades curativas.

Personajes, como por ejemplo el célebre médico griego Galeno, en la antigua Roma, (cultura que extendió sobremanera las propiedades terapéuticas de las plantas), ya preconizaba el uso del masaje y la aromaterapia, por su efecto olfativo, tras el baño; observamos la búsqueda del efecto relajante, sedante en dicha terapia; además fue uno de los primeros herbolarios del mundo. Su famoso manual sobre el uso de las plantas fue la Biblia médica del mundo occidental durante quince siglos, y se encontraba en las librerías de los monasterios europeos.

Galeno proporcionó una receta, la «teriaca»,
un medicamento a base de la combinación de 150 plantas,
partes de animales, de minerales, e incluso de piedras preciosas.
Panacea para todas las enfermedades,
desde dolores de cabeza hasta la lepra,
la teriaca se prescribió en Francia hasta el siglo XVII
y se llevó a bordo de los barcos durante cientos de años.

Otro griego, Teofrasto, fue el primer verdadero aromaterapeuta. Escribió un tratado guía sobre el aroma, “Relativo A Los Olores“, en el cual analizaba los efectos de diversos aromas en el pensar, el sentir y en la salud. También investigó el proceso por el cual percibimos los olores, y la sutil relación entre sabor y olor.

Los romanos utilizaron gran parte del conocimiento médico de los griegos, pero fueron los propios romanos hedonistas quienes perfeccionaron la capacidad de deleitar de la ciencia aromática. En el palacio de Nerón había tuberías especiales de plata, que esparcían perfumes sobre los invitados amantes del placer.

En el año 3 de la era cristiana, Roma se había convertido en la capital mundial del baño, con un millar de balnearios perfumados esparcidos por toda la ciudad. Cada baño tenía su propio «unctuarium», donde los bañistas eran untados con aceite y masajeados. El perfume de rosas tenía un especial atractivo para los romanos.

Durante una de las demenciales celebraciones de Nerón, rosas por valor de 4 millones de sestercios, (alrededor de 6 millones de dólares), cubrieron la ciudad con su fragancia.

Fueron los árabes quienes finalmente perfeccionaron la destilación, creando las más potentes de las esencias.

Durante la Edad Oscura europea, el mundo árabe, afamado por sus exóticos perfumes, continuó perfeccionando sus seductores aromas y sus mágicas pociones. El incienso, la mirra y otras especias se importaban de La Meca para los químicos árabes.

Avicena, el príncipe de los farmacéuticos, e inventor del serpentín refrigerado, fue el primero en destilar la esencia de rosas, un proceso caro, ya que se necesitan mil Kg. de pétalos de rosa para preparar medio Kg. de esencia, él pensaba que la esencia de rosas, cura segura para los problemas digestivos, bien valía su coste.

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