Llamamos Ecología emocional al arte de gestionar, de modos sustentables todo nuestro universo emocional, de modo tal que la ecuación “materia/energía” resulte a nuestro favor.
Es decir que nuestras materializaciones (sea en actos, en ideas, en emociones, en relaciones o en logros) tengan relación proporcional con nuestra energía afectiva.
Permitiéndonos lograr nuestra mejor versión según el ideal que tenemos de nosotros mismos, formar relaciones con nosotros mismos y con la otredad que sean nutricias y enriquecedoras, reconocer el sentido de nuestra vida y aportar valor en el mundo.
Se define Ecología como la ciencia que estudia los ecosistemas y sus interrelaciones
Se han definido cuatro principios o premisas básicas las interrelaciones de la biosfera, estipuladas por el biólogo americano Barry Commoner y el economista rumano Nicholas Georgescu-Roegen. Cuando se las analiza desde el punto de vista de la emocionalidad son igualmente aplicables:
TODO ESTÁ RELACIONADO CON TODO LO DEMÁS
Vivimos en una permanente interacción entre nuestro universo interpretativo, nuestro universo emocional, el universo de estímulos externos, y la otredad.
Esta red de interrelaciones hace que nada de lo que suceda en ninguno de los puntos de la red permanece indiferente al resto.
Del mismo modo en que somos influidos por todo el ecosistema, influimos sobre él.
Cuando cambiamos de actitud, de mirada, de interpretación todo lo que nos rodea cambia, no por arte de magia sino por mero “efecto dominó” del proceso ecológico.
TODAS LAS COSAS VAN A PARAR A ALGUNA PARTE.
En el intercambio de nuestras emociones y actitudes con el ecosistema se producen permanentes reciclados.
Nada de lo que enviamos al ecosistema desaparece, sino que impacta en él.
Es por eso que parte de nuestra responsabilidad en la ecología emocional es cuidar aquello que emitimos, porque generará impacto y porque, dado que hay un ciclo ininterrumpido de energía, inevitablemente en algún momento retornará a nosotros.
LA NATURALEZA ES LA MÁS SABIA.
Aquellos a los que tengo el honor de acompañar en sus caminos de rediseño, me han escuchado decir hasta el cansancio que “la cirugía mayor “no siempre es la solución.
Un enfoque ecológico del universo emocional implica reconocer que estamos diseñados de un modos perfecto y que muchas de las cosas a las que llamamos defectos, pueden ser vistos como puntos dónde los dones, las energías aprovechables se estancan y al no encontrar vía de expresión, empiezan un proceso de “putrefacción” que hace que sean ineficientes para nosotros.
Por ejemplo:
Una actitud caprichosa, por nociva e irracional que parezca, es de todo modos una potencia manifiesta de la fuerza de voluntad, energía que reencausada puede ser extremadamente útil para quien la posee naturalmente.
Por eso, si confiamos en que la naturaleza es más sabia, antes de cambiar, reprimir, suprimir algo de nuestra identidad preguntemos primero sobre su potencial.
Dónde podemos usarlo que se vuelva eficiente?
Cómo?
Para qué?
Qué sentidos podemos construir con ello?
Es decir, que para todos los efectos prácticos y en muchos ámbitos, es básicamente imposible diseñar en un tiempo breve algo que funcione tan bien como lo que ha sido creado a través de una larga evolución, pero si es muy simple rediseñarlo y encauzarlo.
Jaume Soler y Maria Mercè Conangla del Instituto de Ecología-Emocional definen de esta manera los 11 Principios de la Ecología Emocional:
Principio de unicidad:
Nuestro gran error ha sido creer que pueda haber una humanidad ajena y desconectada del resto de seres vivos y de la naturaleza. No podríamos existir solos prescindiendo de los demás. De esta manera pueden trazarse metas más objetivas que no solo tienen en cuenta sus necesidades y sueños, sino también los recursos de los que disponen para conseguirlas.
Principio de realidad:
La realidad no es como nosotros deseamos que sea: ES COMO ES. El cambio se produce tan sólo cuando tomamos conciencia y aceptamos este principio aplicándolo a la situación presente.
Principio de libertad:
"Libertad es la diferencia entre dos monosílabos: SÍ y NO", —dijo Octavio Paz. Todo lo que ocurre en nuestra vida comienza con una decisión ante diversas opciones, y para elegir adaptativamente debemos poner en juego nuestra capacidad de discernimiento y otorgar a cada una el valor moral y emocional que le corresponda.
Principio de responsabilidad:
Responsabilidad supone dar respuestas adecuadas a los retos individuales y colectivos que nos plantea la existencia. La propuesta de la ecología emocional es asumir la responsabilidad al 100% en lo que se refiere a lo que depende de nosotros y podemos controlar.
Principio de respeto:
Respetarse a uno mismo para poder respetar a los demás. Respetar lo que merece ser respetado, adoptando las distancias adecuadas sin invadir territorios ajenos. Respetar la diferencia del otro, sin vivirlo como una amenaza a la propia existencia.
Principio de prevención:
La gestión emocional debe basarse en el principio de prevención. Se trata de aplicar la prudencia, el “providere”, la visión anticipada, a las situaciones que vivimos a fin de que nuestra conducta se oriente a crear y nos aporte bienestar.
Principio de sostenibilidad:
La sostenibilidad emocional comporta un uso equilibrado de nuestra energía permitiendo un flujo generoso de ideas, emociones, experiencias, conocimientos y vivencias y manteniendo relaciones basadas en la solidaridad y reciprocidad.
Principio de crecimiento paralelo:
El equilibrio o desequilibrio interno se ve reflejado en las relaciones que mantenemos con nuestro entorno. Quien se relaciona bien consigo mismo también tiene la capacidad de hacerlo con los demás, y viceversa.
Principio de coherencia:
En la coherencia reside nuestra verdad. ¿Cuántas veces pensamos de una forma, sentimos de otra y acabamos haciendo algo que no se corresponde ni a lo pensado ni a lo sentido? Cuanta más coherencia haya entre nuestro pensar, nuestro sentir y nuestras acciones, tanto más equilibrio, bienestar y libertad gozaremos.
Principio de acción:
El principio de la acción nos anima a actuar en coherencia con nuestros valores personales. Nos reta: "Si no lo haces, no lo exijas y no lo prediques; si no lo haces y crees que deberías hacerlo, acabarás viviendo en conflicto." Nuestras acciones nos definen.
Principio de conservación:
la conservación es una estrategia unas mil veces más barata que la regeneración. Es importante tener en cuenta este principio en la gestión de nuestros afectos y relaciones. Antes de decidir eliminar algo o permitir su destrucción es necesario reflexionar sobre su valor. No debemos confundir “conservación” con la protección pasiva: el 'dejar las cosas en paz'. Así no se preserva el estado existente de un espacio natural ni emocional como no se preserva un jardín. Todo fluye, algunas especies ganan, otras pierden, nacen, crecen, decaen, invaden, se imponen o son apartadas. Para conservar y preservar es preciso controlar activamente.
Es decir que cada proceso, cada acto cada “materialización” de nuestro universo interpretativo demanda de una cantidad de energía para ser motorizado, una energía que no tiene recupero. Justamente por eso es mucho mejor “reciclar” nuestra naturaleza que trepanarla o cambiarla.
Y es por esto mismo también en que nuestra palabra “Guía” debe ser “EFICIENCIA”
Es importante que nos paremos a analizar nuestro estar siendo en términos de la relación energía– propósito:
Esta postura frente a una idea o una causa, retorna en valor o en sentido la cantidad de energía que consume.
Este arrebato emocional?
Esta sobreexigencia?
Este modo de consumir, de insistir, de resistir?
Este supuesto “ahorro” de energía/esfuerzo está implicando tanta perdida de materializaciones que al fin no haya realización?
En resumen:
O ponemos en marcha procesos EFICIENTES o al final de cada uno de ellos, existe la posibilidad de que quedemos consumidos por un el inevitable déficit de la ecuación “materia/energía”?
Materia y energía. Ambas son necesarias y, en su modo óptimo y específico, escasas para el hombre.
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