«Si los genes fuesen palabras sueltas,
la epigenética representa los puntos, comas
y demás signos de ortografía
que nos permite entender una secuencia».
La metáfora pertenece a Manel Esteller, director del laboratorio de Epigenética del Cáncer del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y autor de las investigaciones que más han permitido avanzar en el terreno de la epigenética.
La epigenética (del griego epi, ‘en’ o ‘sobre’), por tanto, se refiere a los cambios reversibles del ADN y las proteínas que se unen a él, y que hace que unos genes se expresen o no en función de condiciones exteriores. En términos más sencillos, esta nueva palabra, hace referencia a la ‘memoria’ de los genes.
Quiere decir que el aire que respiraron nuestros abuelos, el agua que bebieron o el ambiente en el que vivieron afectan también a sus descendientes, incluso décadas después; de manera que los factores externos también pueden influir en el complejo entramado de interruptores que hace falta conectar y desconectar para dar lugar a un cáncer. No se trata por tanto únicamente de qué genes heredamos de nuestros padres, sino de si están ‘encendidos’ o ‘apagados’.
Esteller, ha demostrado que estas modificaciones químicas en el ADN (metilación) y en las proteínas que se unen a él (acetilación) explicarían por qué individuos con idéntico material genético, como es el caso de los gemelos, son diferentes en algunas cosas o por qué ciertas enfermedades son más propensas en ciertos climas o entornos que otras.
Cualquier modificación del ADN que altere la estructura de un gen sin modificar su secuencia básica puede ser un cambio epigenético. Los dos más frecuentes son la metilación y la acetilación. (modificación de las histonas)
METILACIÓN
Proceso químico capaz de ‘apagar’ la expresión de un gen. En el hombre, por ejemplo, esta alteración química es la que controla la inactivación del cromosoma X que tiene lugar durante el desarrollo para silenciar uno de los dos cromosomas X de cada célula. Además, el patrón de metilación puede ir cambiando a medida que las células madre se van diferenciando para convertirse en diversos tejidos u órganos del cuerpo humano, o sirve para ‘marcar’ los genes de manera que éstos sólo expresen la copia heredada del padre o la madre.
Como indica Esteller, «la metilación por sí sola no es ni mala ni buena, es una mera cuestión fisiológica». El problema aparece cuando esta alteración química «se pasa o no llega», sólo entonces aparecen las alteraciones, que pueden ser de tipo tumoral, o bien de otro tipo, como la espina bífida, por ejemplo.
ACETILACIÓN
Según el científico, las histonas son las “bolas” alrededor de las cuales se enrolla el ADN, porque completamente extendido éste sería demasiado largo para caber en nuestro organismo. «Y estas proteínas, que regulan y envuelven el ADN como un collar de perlas», añade Esteller, «también se metilan o acetilan».
Qué aplicaciones tiene
La ventaja de la epigenética insiste Esteller, es que en ella todo es reversible, a diferencia de las mutaciones genéticas. Por eso, apunta, se trata de un campo en expansión en el que seguirán realizándose descubrimientos importantes.
Estos descubrimientos demuestran que el envejecimiento, la dieta, el consumo de tabaco, el estilo de vida, el ejercicio físico y otros factores ambientales influyen sobre el perfil epigenético de las personas.
«Por primera vez hemos podido demostrar
cómo el ambiente puede cambiar la genética»
Manel Esteller.
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