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POR QUÉ LO DICE?…

 

Cada día
está más presente en la conciencia del individuo
el hecho de que el lenguaje es
mucho más que un elemento de comunicación,
es especialmente instrumento de creación,
de expansión y sanación.

 

Es, simplemente, porque el lenguaje es mucho más que el modo descriptivo del mundo.
El homínido social no necesita de palabras para describir el entorno.
Una serie de señas y sonidos eficientemente utilizados por generaciones son más que suficientes para eso.
El quiebre ocurre cuando, habiendo resuelto necesidades básicas, y disponiendo entonces del tiempo para la contemplación, el individuo empieza a sentir la emoción que le provocan ciertos observables.
  • La magnificencia del cielo.
  • El poder hipnótico del mar.
  • El sobrecogimiento frente a la luna
Teniendo tiempo para la contemplación (que no es ni más ni menos que una meditación) el individuo complejiza su emocionar.
Ya no se reducen a simple pulsiones primarias como placer o miedo (aunque toda la complejidad emocional pueda “clasificarse” en una reducción a la mínima expresión a una u otra de esas emociones biológicas primarias) es el afán por describir la complejidad de esas emociones, que en definitiva es la necesidad de describir lo abstracto.
 
Entonces, se hará necesario sumar, conjugar, componer sonidos y gestos.
Porque para describir lo que se siente frente al mar, tal vez sea necesario el sonido que representa el mar, el sonido que representa el descanso y el sonido que representa a la madre…

Y nace el lenguaje!!

Muchas veces me han preguntado sobre la razón de uso de la etimología y hasta la filología dentro de mi trabajo, cuando parecen no ser imprescindibles pues el lenguaje ya está “dado”.

La razón fundamental es porque adhiero desde varios puntos de vista al concepto de Inconsciente Colectivo (Overmind) de Jung que también está presente en la hipótesis de los campos mórficos de Rupert Sheldrake e incluso más profundizado en la Filosofía Tántrica.
Desde allí siempre he entendido que el lenguaje es algo mal que el conjunto de sus fonemas y lexemas, es una consciencia en sí misma, y es la vibración tangible de ese Overmind.

Freud hablaba del “acto fallido” que en relación con el lenguaje se asocia al acto de la mente inconsciente poniendo en palabras lo que la mente consciente trata de reprimir y suele ser tomado como un simple “error de palabras”.

Personalmente creo que el concepto se queda corto, que aún sin un “error” aparente las elecciones de cada vocablo, de cada construcción gramatical están alimentadas desde ese Overmind y desde allí manifiestan/construyen la Ontología de ese individuo en particular.

 Así, cuando elegimos un sinónimo sobre otro, una palabra sobre otra, un sonido sobre otro no hay nada de accidental en ello.

 

«Sabéis que no soy un filósofo, sino un empírico.
De modo que mi noción del inconsciente colectivo no es un concepto filosófico, sino empírico […]

Si el inconsciente pudiera ser personificado, tomaría los rasgos de un ser humano colectivo viviente al margen de la especificación de los sexos, de la juventud y de la vejez, del nacimiento
y de la muerte, compuesto por la experiencia humana casi inmortal de uno o dos millones de años. […]

Este ser colectivo no parece una persona, sino más bien una especie de onda infinita, un océano de imágenes y de formas»

C G. JUNG

Por ejemplo, cuando un individuo frente a la acción de hacer el esfuerzo de lograr una meta puede referirilo como “Intentar” hacerlo o «Tratar» de hacerlo

Veamos:
«Intentar»
Proviene compuesto del latín “INTENTARE” formado por IN” (hacia adentro) y “TENTARE” (hacer la prueba, la experiencia)
Es decir que en términos etimológicos lo que está haciendo es transitar la incorporación de una experiencia, es decir que es un proceso que en cualquier caso, (aún si no fuera “exitoso” en materia de resultados finales) SIEMPRE es enriquecedor.
 
En cambio
«Tratar»
Viene del verbo latín “TRAHERE” (tracccionar, arrastrar), y que es el mismo que conjugado sirve de raíz a “Trato” : El resultado de una negociación donde dos o más han “tirado de la cuerda” en busca del su mejor resultante.
Es es decir que en términos etimológicos está haciendo fuerza para que algo llegue a él, para llevarse la mejor parte.
 
Esta distinción entre ambas palabras conlleva a que una es correcta y la otra no?…
No necesariamente, el punto es cuán eficiente es cada definición para ese individuo en particular.
Lo que importa es que son dos cosas diferentes, dos significados, dos abstracciones que crearán dos ontologías diferentes.
 
Hace muy poco se publicó un estudio de la Universidad de Harvard sobre semántica que refleja que:
 

«Las palabras,
con independencia del idioma al que pertenezcan, tienen una estructura que es universal y que está relacionada con la cognitividad humana, que es realmente lo que subyace bajo los conceptos que transmiten y las relaciones que se establecen entre ellas, y con el conocimiento humano.

En las palabras existen propiedades universales
comunes de la cognición humana»

Esta es la conclusión de este estudio en el que se han analizado las redes semánticas generadas por un equipo de investigadores con las palabras procedentes de diccionarios de 81 lenguas de todo el mundo y que permite evidenciar que, en realidad, un idioma no es el reflejo de la cultura o zona geográfica en la que se desarrolla, sino que en las palabras existen propiedades universales comunes de la cognición humana, que es la que marca la estructura de los idiomas.
 
Los investigadores seleccionaron una serie de términos que están asociados a materiales (como ‘piedra’ o ‘arena’) acontecimientos naturales (‘día’ o ‘noche’) objetos celestes (‘Sol’ o ‘Luna’) características geográficas (‘montaña’ o ‘lago’).
Fueron palabras que se eligieron porque se consideraba que podía haber una gran influencia por el entorno en el que se ha desarrollado la lengua.
Desde allí, llevaron a cabo un examen de las palabras polisémicas (con varios significados) en cada lengua, aparte de fijarse en cómo se conectan entre sí y con el resto de vocablos. Unas conexiones con las que se crearon mapas de redes semánticas en las que cada concepto se representó con un nodo, que se podía conectar a otros y donde se apreciaba que existe una estructura común que está bajo el significado de las palabras y que no tiene relación con la cultura ni la zona geográfica.
 
Un claro ejemplo es la palabra ‘Sol’: Está asociada a significados como ‘divinidad’, o ‘tiempo’ en japonés, pero que en otras lenguas como la africana Xóo está vinculada con ‘sed’ y ‘día’.
Pese a ello, este término tiene una estructura común en las lenguas que subyace bajo su significado.
 
 Otros casos similares se han detectado en palabras como ‘cielo’ y ‘tierra’ en las que hay conexiones en los significados o ‘mar’ y ‘sal’ entre las que se observa una gran relación incluso en poblaciones de interior y no costeras. 

Hay algo vivo en el lenguaje, que hace que en si mismo sea permanente a pesar de que sus componentes (las palabras y sus universos de significados) sea transitorios, en grados incluso que rondan lo efímero.

Una palabra o un giro idiomático se pone de moda y entonces sus usos y significados se fractalizan hasta que quiebran su propia burbuja de sentido y desaparecen, mientas que otras parecen tan inmortales como invariables, como «Mamá», mientras que, sin embargo, «Madre» y «Maternidad» son palabras que cambian de significado a medida que la cultura cambia los paradigmas del rol.

Entonces:

 

EL LENGUAJE
NO ES INOCENTE.


DE UN MODO
MUY, MUY PROFUNDO
Y COMPLEJO.

Pero eso no significa que sea “CULPABLE”

Porque no se trata de culpas, sino de Responsabilidades.
De ser capaces como individuos de “Responder” por nuestro lenguaje, por el uso de nuestras palabras, por el modo en que construimos realidades para nosotros mismos y para los demás en relación con nosotros.

El lenguaje es, junto con las emociones, herramienta co-creadora de realidad. Observamos, interpretamos, «lenguajeamos» (en el decir de Maturana) esa interpretación y nos emocionamos en consecuencia. a partir de ah+í nos «movemos» accionamos creando realidad.
 
Y he ahí la clave, la simple declaración, el simple lenguaje no alcanza para provocar por sí mismo el cambio de realidad. Tiene que aterrizar en la acción, hacerse tangible en comportamientos concretos. Si no hay coherencia entre lo que interpreta, lo que se emociona, lo que se dice y lo que se hace, si las palabras no están en sintonía con la realidad interior del individuo, se llevan consigo la credibilidad de quien las dice tanto hacia sí mismo como en la escucha del otro, por lo tanto la confianza de quienes las escuchan, y la posibilidad de desarrollar todo su potencial creador.
 
 

En última instancia
se trata de usar la herramienta que es el Lenguaje,
para dejar fluir nuestro Poder,
creando y rediseñando constantemente la realidad
en la que queremos vivir.

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