Cuando pensamos en nosotros como una sociedad nos damos cuenta de que vivimos regidos por valores que tal vez no nos representen como individuos, pero que a fuerza de estar masificados terminan por definirnos. Respondemos a convenciones y a prejuicios, muchas veces sin siquiera
YO DISCRIMINO, TU DISCRIMINAS, ÉL… NOS SIGUE ESPERANDO
En estos últimos 50 días nade en discriminación.
Vi como a mi mejor amiga la discriminaban por uno kilos de más (que solo existen en el ojo de quien la veía) hasta quitarle la sonrisa; vi como los hipotéticos cultores de la paz, el amor universal y libre, le gritaban brutalidades a los que participaban de la marcha del orgullo gay; y en la marcha, vi a cantidades de participantes discriminándose entre ellos por categorías; vi a mi mejor amigo luchando para no discriminarse a si mismo por una serie de elecciones que no pueden ser más privadas ni menos relevantes.
A estas alturas del camino ya sé que si todo el planeta enloqueció y se volvió monotemático es porque es hora de mirarme al espejo. De qué me estará hablando esta vez? Ah sí!!
TODOS DISCRIMINAMOS.
Si vos, como yo, te consideras universalmente tolerante…poneteuna mano en el corazón y pensátelo un par de veces.
Si hiciste una revisión moderadamente honesta seguro que pisaste el palito por lo menos un una vez (daaale no mientas).
Tal vez fue eligiendo acompañante porque era muy alta, o muy bajito, o muy gorda o demasiado flaco, o rubia o muuuy morocha, o comía mandarinas, o tenía dientes chuecos y seguro que lo decretaste antes de que la persona en cuestión dijera «Hola».
A lo único que no discriminamos es a la Discriminación


