POST 5 (13)

PROBLEMA NO ES JUZGAR POR LA APARIENCIA…

 

Nuestra apariencia,
así como todo lo visible de nuestros cuerpos,
es una declaración pública.
Ya sea de algo que queremos mostrar,
o de algo que no podemos esconder,
en cualquiera de los dos casos,
es cómo nos mostramos frente al mundo.

 

Como todo lo que es accesible a los sentidos, esta declaración tiene el potencial de disparar opiniones (juicios) en aquellos cuyos sentidos son accedidos (nos ven, nos oyen, nos tocas, nos huelen, nos…en fin)

El acto de emitir opiniones es biológico, instintivo y atávico, por tanto inevitable. Nuestros cerebros están diseñados para anticipar, para formarse ideas a partir del mínimo de información. Un mecanismo que tenía más usos en la época del tigre dientes de sable que ahora, pero la evolución tiene sus ritmos y no son los mismos que el avance de la civilización.

De hecho, la visión, como acto biológico, no está diseñada para contemplar, sino para encontrar. En el génesis de su razón de ser, los ojos están diseñados con el fin de recabar información a los efectos de que el cerebro pueda identificar la presencia de obstáculos, alimentos, depredadores, y no como una misión recreativa o contemplativa.

Por lo tanto, ante la mínima cantidad de datos, el cerebro tiende a construir el resto de la “realidad” con los datos del banco de su memoria, a fin de lograr una ventaja en la anticipación:

Quién reconozca una manzana antes se alimentará más rápido

Quién reconozca más rápido un depredador podrá ponerse a salvo con mayor efectividad…

En cualquier caso, son garantías para una sobrevida y un éxito en la transmisión de sus genes a la próxima generación.

Con la “llegada” de la corteza cerebral y su capacidad de reconocer y apreciar elementos más abstractos (belleza, valores) nuestro modo primitivo de “ver” empieza a jugarnos en contra.

Es decir que el binomio “declaración pública- opinión” (creación de la realidad por reflejo en el espejo de la memoria) es inseparable.

Entonces… ¿porque debería ofendernos tanto cuando somos “juzgados” por nuestras apariencias?

El punto no se encuentra en el ser juzgados, sino en el modo en que toman esos juicios tanto quién los emite como quien los recibe:

COMO VERDADES, O COMO ATAQUES PERSONALES
(o ambos)

Quien emite un juicio tiende a olvidar que ese juicio es el resultado de su experiencia frente a algo, y que esa experiencia es ajena a ese algo porque se debe a su subjetividad, al modo en que él interpreta, considera, razona, lo que ese algo le estimula.

Quien recibe el juicio lo toma en modo personal; es decir se siente validado, avalado, defenestrado o humillado de acuerdo a su interpretación de lo que el otro emitió como juicio.

Y esto se debe a su vez, al hecho de que tampoco recuerda que ese juicio no habla de él sino de la experiencia del otro sobre él y que lo que él escucha no es lo que el otro dijo sino la interpretación de lo que cree que dijo.

Claro que los juicios abren y cierran posibilidades a quien los emite, porque se suele actuar de acuerdo a ellos; y no es menos cierto que estas posibilidades que el otro abre y cierra, también pudieran tener incidencia sobre nosotros. 

(No es lo mismo la opinión, aunque siempre subjetiva, de un perfecto desconocido con quien ni siquiera cruzamos palabra, que la del entrevistador del cual depende nuestro puesto de trabajo) 

Esa es la razón por la que buscamos comunicarnos, y por la que buscamos (en lo posible) interlocutores con quienes la comunicación se mantenga en un modo en que todos logremos empatía, y lleguemos a acuerdos ya a la coordinación de acciones.

Y, claro, a veces, más allá de nuestros esfuerzos, nuestro interlocutor sostiene sus juicios (y nosotros los nuestros) y no hay acuerdo y entonces es mejor mantener una distancia si eso se vuelve emocionalmente tóxico.

No tiene nada de malo declarar que no tenemos lo que hace falta para comunicarnos eficientemente bajo ciertas circunstancias con ciertas personas, al fin hemos sido creados falibles y eso es algo común a todo el género humano.

Pero en todos los casos NUNCA ES personal…

¡LO HACEMOS PERSONAL!

Ahora, una buena manera de empezar a hacer de nuestro universo comunicacional un mundo mejor, es no olvidar que nuestras opiniones no son una verdad y mucho menos una verdad que defina a cualquiera que no seamos nosotros mismos. Aceptar que ante una declaración pública el otro tiene derecho a su juicio, pero no tiene derecho a compartirlo con nosotros si no se lo hemos pedido y mucho menos a buscar definirnos a través de ese juicio.

Y saber, que lo que el otro piensa de nosotros (tanto por fuera como por dentro) es el resultado de lo que a él le hace sentir lo que llega a sus sentidos y eso nada tiene que ver con nosotros.

Lo que buscamos o logramos decir de nosotros con nuestra apariencia, y lo que el otro logra ver y opinar sobre nosotros de acuerdo a ella son dos cosas que, generalmente, no tienen nada que ver entre sí.

Es imperativo no olvidar que nuestra “vista” aún tiene códigos de operación muy primitivos, y puede ser engañada con facilidad, pero nuestra amorosidad, nuestra divinidad inmanente es sabia y capaz de darnos una mirada más amplia y completa de quiénes somos y dónde somos.

Para recibir más información sobre este tema u otro de los temas del sitio podés usar el link a mi página de contacto o los datos de contacto que figuran a la derecha en el pie de página

Usted tiene el permiso de republicar este artículo o cualquiera de sus partes sin modificaciones, en tanto incluya un vínculo de retorno a esta página, gracias a una licencia de Creative Commons . Namasté.

POST 7 (8)

«CÓMO GANAR AMIGOS E INFLUIR SOBRE LAS PERSONAS»

Para los que ya tenemos un par de años en el tintero, este título puede resultarles familiar.
De hecho es el título de uno de los libros más populares de Dale Cardnige, (algo así como el primer Sales Coach).
En términos generales el libro aborda las dinámicas utilizables con el objeto de ”Convencer» (Vencer Con) para ganar la voluntad del otro en nuestro propio beneficio.
No tengo intención de polemizar sobre el contenido del libro mucho menos extrayéndolo de su contexto temporal, social y económico, solo resalto el hecho de que su razón se ser, se basa en la creencia antigua y generalizada de que de hecho podemos influir sobre los otros…

Ah sí…?!

Nos gusta la idea: fantasear con que, por nuestra única voluntad, podemos cambiar la vida de alguien. Saborear la certeza escondida de que podemos ser su gurú, su modelo, incluso su mecenas espiritual; o por el contrario, jugar en las sombras con ideas obscenas de que somos capaces de imponer al otro nuestra voluntad y convertirlo en nuestro dependiente, o nuestro sometido; cuando no directamente en nuestro esclavo.

Del mismo modo nos deleita la idea de que somos víctimas de la influencia perjudicial o benéfica de un otro sagrado o maldito (muchas veces alternativamente) que ha quebrantado nuestra voluntad dejándonos indefensos, pero sobre todo irresponsables.

Queremos ser aceptados, así que para lograrlo, somos capaces de diluirnos en una serie de ritos camaleónicos en los que nos convertimos en aquello que el otro defina, con un fin doblemente siniestro: obligarlo a que nos quiera más allá de su voluntad y hacerlo único responsable de nuestra dilución. Queremos inspirar respeto, admiración, reconocimiento (y un poco de veneración no vendría mal siempre que fuese moderada y discreta, y quedase en claro que nosotros no somos responsables).

Adoramos al par mágico «TENÉS RAZÓN» casi tanto como veneramos al trío «SOS LO MÁS» y al quinteto «ME CONVERTÍS EN UNA MEJOR PERSONA» y eso por no mencionar al unitario «GRACIAS» (Especialmente si viene subtitulado: «no sé que hubiera hecho sin vos», «me salvaste», «sos maravilloso» etc. , etc.) Los usamos como moneda de corrupción mucho más seguido que como expresión sensible de nuestra naturaleza.
Y además exigimos que se usen hacia nosotros con recogida humildad rallana en la humillación, como un reconocimiento a que el otro sin nosotros no es suficiente, ni aceptable, y a veces ni siquiera posible.
Te lo digo y vos respondés positivamente a mí, me lo decís, y yo te respondo de igual modo. Los acopiamos, los intercambiamos, los inventariamos, los revivimos y por supuesto… NOS LOS CREEMOS, en un intercambio inflacionario que insulfla en nuestro ego un gas pestilente que más tarde o más temprano se escapará en forma de reproche, de reclamo, de humillación, de desvalorización:

«VOS SIN MÍ NO SOS NADA!!»

«SI NO TE AYUDO YO VOS NO PODÉS»

«HASTA QUE ME CONOCISTE VOS NO SABÍAS VIVIR»

«CONMIGO APRENDISTE A…. «(y la lista va desde usar el pasamanos hasta contruir una represa)

«YO TE VOY A SACAR BUEN@»

Como si el otro no participara con su consentimiento, su voluntad de aprender, de aceptar, de rediseñarse, como si el otro fuera apenas una voluntad deslumbrada por nosotros.
Siii!!, porque nada como la fantasía de nuestra aura magnificente reflejada en las pupilas de un otro influido, casi hipnotizado por nuestra grandeza, nuestra inteligencia, nuestro encanto, o lo que sea: es que somos tan grandes, tan bellos, tan perfectos… tan vacíos y tan esclavos.

Tanto que somos incapaces de ver que con esas fantasías nos situamos en la otra punta de la misma trampa en la que sucumbimos cuando nos dejamos criticar y juzgar impunemente.
Podrá cambiar el glamour, pero la dinámica es la misma: EXISTIMOS EN EL ESTADO DE ÁNIMO DEL OTRO Y PRETENDEMOS QUE EL OTRO EXISTA EN NUESTRO ESTADO DE ÁNIMO.
Entre mesiánicos y mefistofélicos nos perdemos de la única verdad… que nuestros radares se detectan cuando estamos listos para encontrarnos y compartir unos metros de mutua experimentación, y no cuando hacemos o nos hacen una entrada triunfal y profética.

Estamos dónde somos convocados y nos convocamos al mismo tiempo, somos tan responsables de los resultados de esta posición como quien la comparte. Tomemos la decisión que tomemos al respecto SIEMPRE ES LA CORRECTA, y siempre es en beneficio mutuo.
Esto significa que podemos hacer cualquier cosa que se nos ocurra porque en realidad no existe y no somos responsable? Si, y ese razonamiento a su vez significaría que no importa cuánto nos hayamos «movido», no dejamos ni al vacío y ni a la esclavitud demasiado lejos.

Responsabilidad se refiere etimológicamente a la «habilidad de responder» y el derecho la define como a la «capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente».

En definitiva, el hecho de que en términos supralumínicos no sea real, no nos libra de tener que responder por las elecciones de nuestro libre albedrío, y para sacar de esto toda connotación kármica de culpas crímenes y castigos vamos a ponerlo en términos simples… deberemos responder los «¿Para qué?» de nuestras elecciones, y como se ajustan esas respuestas a la coherencia del plan divino nos dará la idea de que tan sabia ha sido nuestra elección, por ende nos da la posibilidad de ratificar o rectificar nuestro camino y nuestra línea de experimentación.

Si con un poco más de conciencia pudimos haber aprendido lo mismo sin sufrir o sin participar en el sufrimiento del otro, si con un poco más de compromiso con la Luz pudimos habernos corrido de una situación y evitar ser el coparticipe de energías mal calificadas… todo está ahí, en los «¿Para qué?», en la conciencia de nuestra Responsabilidad, como siempre, lo que importa son las preguntas.

Se acuerdan que en la primera reflexión decíamos:

NOSOTROS SOMOS LO ÚNICO QUE PODEMOS UBICAR, DILUCIDAR, COMPRENDER Y CAMBIAR. LOS DEMÁS SON EL ESPEJO QUE, EN NUESTRA INFINITA SABIDURÍA, CONVOCAMOS DELANTE NUESTRO PARA PODER VERNOS.

Ese es nuestro único poder real de influencia, no podemos, nunca pudimos y nunca podremos influir sobre el otro sin su consentimiento y la participación de su voluntad, entonces no podemos arrogarnos ese mérito porque si el otro lo consciente no es influencia, es lo que siempre ha sido: coparticipación.

Ahora, en términos de coparticipación, a lo que sí podemos aspirar es a una vida de Responsabilidad y Compromiso con la Luz; que será sintonizada por aquellos que estén listos para esta experimentación y a quienes tal vez, solo tal vez, y con la gracia de Dios, tengamos el honor de servir de humildes catalizadores, de instrumentos más o menos finos para conocerse y bendecirse a sí mismos.

Así cada sonrisa, cada «Gracias», cada «Te quiero» no será un elemento de corrupción sino simplemente el modo sensible en que la divinidad se manifiesta a través nuestro para crear valor en el mundo y no para someterlo.

VIVIR LA LUZ, CATALIZAR LA LUZ, MANIFESTAR LA LUZ…
A MI ME SUENA A UN PLAN MUCHO MEJOR.
¿VOS QUE PENSÁS?

Usted tiene el permiso de republicar este artículo o cualquiera de sus partes sin modiicaciones,
y
en tanto incluya un vínculo de retorno a esta página,
gracias a una licencia de Creative Commons
.
NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Namasté.