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EL REINO DEL SILENCIO

 

Un fenómeno:

Se llama “CONSISTENCIA”
y es la respuesta del cerebro a la ansiedad del desconocimiento.

El cerebro no tolera el “vacío”,
así, cuando no tiene datos suficientes
“Supone”, “Conjetura”.

Un mecanismo
que se conoce desde lo social
como una costumbre de mal gusto y educación,
pero que es mucho más que eso…

Es un tóxico de la mente
y al poco tiempo del alma.

 

Los toltecas hablaban del fenómeno de las suposiciones, y lo incluyeron como algo cardinal en sus “4 Acuerdos” calificándolo como una fuente principal del “Mitote” (la alienación en la ilusión).

Y la toxicidad se debe a que cuando conjeturamos no nos basamos en el otro, ni en la información objetiva, ni en deducciones…

Nos basamos en nuestra historia, en nuestra experiencia, en nuestros miedos, en nuestros fantasmas, justamente, porque al no hablarnos, poco y nada sabemos del otro…

Así, paradójicamente, cuando suponemos por “consistencia” tratando de llenar “la ausencia” del otro… es cuando más nos alejamos, cuanto más ausente está.

Pero es un fenómeno casi automático.

Un paliativo para la angustia que produce la ansiedad por saber… por conocer, por no quedar en el vacío, por llegar.

Un hecho:

Vivo, leo, busco, exploro. y sobre todo, por pasión, soy una herramienta bien entrenada.

Muchos son los paisajes interiores de soledad… de desconcierto… de distancia emocional… de alejamiento… de finales tormentosos… de inicios tormentosos. Puedo «sentir» el agotamiento emocional tras las palabras.

Y lo que más me llama la atención es que en casi todos ellos hay preguntas recurrentes

Por Qué?

Cómo?

y «La Suposición» está presente en muchas de las respuestas implícitas de estos tormentos.

Vivir “la humanidad” es difícil.

Y de entre sus dificultades, sin comparación, las dos mayores son Sentir y Comunicarse «humanamente».

Tenemos miedo a abrirnos, porque nos han maltratado antes, y si no ha sido a nosotros ha sido a nuestros padres que nos lo han grabado «con la leche temprana, y en cada canción» (Serrat).

Así que vamos por el viejo proverbio que reza:

 

«El hombre es esclavo de lo que dice
y amo de lo que calla»

 

Y buscamos ser amos.
Tener el control.
Alejarnos del daño (real o aparente, es igual, lo que vale es lo que nos vale).
Ese silencio dispara en el otro el mecanismo de «consistencia».

El otro supone, compone, llena vacío, trata de mitigar el sufrimiento del silencio, la incertidumbre de no saber quién es en nuestro plano, qué significa para nosotros.
Y lo hace con sus luces… y sus sombras.
Saca una conclusión y opera en consecuencia.
Porque no le queda más remedio, porque nuestro silencio, nuestra exclusión lo condena a quedar varado en una espera frustrada permanente.

 

Pero no nos importa, porque somos los amos…amos de lo que no hemos dicho…
Y nos ofendemos…
Nos damos por ultrajados porque el otro no nos tomó en cuenta para decidir, porque el otro supuso lo que nos pasaba, lo que pensábamos, porque el otro no nos preguntó, (cuando es un hecho que  hemos evadido las preguntas)

Real o no, equivocado o no, nos escudamos impunes en el hecho de no haber dicho, de no haber afirmado (aunque nunca hemos negados tampoco), de haber sido amos del silencio para poder acusar al otro del ultraje de suponernos.
O peor, para poder menospreciar lo que el otro dedujo que sentíamos, porque dejamos que los «errores» de su conjetura, (reflejo de sus propios sentimientos, amores, temores, embelesos, sombras) se alojaran en él .

Total, verdaderos o no, siempre podríamos negarlos según la conveniencia de lo útiles que son a nuestros propósitos.
Si no:  sacamos las “Tarjetas Rojas”:

No invertimos un minuto de empatía en el daño de nuestro silencio, en la angustia de nuestro abandono comunicacional, de la exclusión emocional.
En el desconcierto de los minutos que se fueron agolpando y que se volvieron veneno en la mente del otro , que presa de su deseo, su necesidad o su amor, construía paisajes posibles en medio de la salina que creó nuestro ostracismo.

El viejo y nunca bien maldecido juego del gato y el ratón:
Un juego mediocre, cruel
peligroso…
Y sin embargo un juego de gran aceptación entre nosotros.

 

"Vos me mal interpretaste...

...no fue eso lo que yo quise decir"

(Claro que es bajo!!... salir indemnes no siempre es lo mismo que salir limpios)

Andamos a tientas hasta que lo aprendemos, porque parece que todos tienen la clave de «cómo va el juego» menos nosotros.
Pecamos de inocentes, no maltratan, nos humillan y nosotros no sabemos que “botón” hace falta para parar la película.
Y un día…sin importa demasiado cómo, lo aprendemos.

A veces es porque somos las víctimas de un silencio que nos mata el alma, a veces nos lo enseñan con buenas intenciones, a veces lo deducimos por ensayo y error.
No importa.

Y ya que lo aprendimos creemos que tenemos el santo y seña del mundo en las manos, la llave de la seducción, la fuente de juvencia de nuestras ilusiones protegidas.
Todos a nuestro alrededor funcionan a botonera y nosotros vamos por ahí apretando botones a diestra y siniestra.

Somos los magos de las medias palabras, los silencios estratégicos, las miradas esquivas, las cuasi verdades, las «posiblemente ciertas» sospechas…
Ni por un instante se nos pasa por la cabeza que tal vez todos funcionan a botonera porque eso es todo lo que somos capaces de ver en ellos, o porque los «sintonizamos» de acuerdo a nuestra propia bajeza… Donde está nuestro pensamiento está nuestra realidad.

 

Ni se nos ocurre pensar
que no se puede manipular
sin ser manipulado,
que no se puede ser «dedo»
sin ser «botón».

 

Es malo, no es correcto, es indigno, nocivo, minusvalidante, pero es prácticamente inevitable.

Porque las opciones son eso, o la indiferencia emocional…

 
LA MUERTE MISMA
DE NUESTRA FUENTE DE VITALIDAD.

 

 

Creyendo que encontramos la fuente de nuestro control sobre el mundo y los otros, nos convertimos en un estereotipo que sólo puede interactuar con seres iguales, o con aquellos que no los son, pero que se dan cuenta que no es posible compartir más con nosotros y nos tratan con la deferencia que se trata a un inválido emocional.

Porque los Seres Humanos de verdad aman VIVIR… y VIVIR no tiene nada que ver con apretar botones.
De un modo similar, otras veces quedamos del otro lado…
Somos los ignorados, los negados a la palabra, somos aquellos, indefensos e inermes, de los que el otro se está defendiendo, porque en realidad libra una lucha de miedos con sus propios fantasmas.

Y tenemos sentimientos, esperanzas, angustias, necesidades.
Hemos sido «domesticados” en buena fe (el entregarse en esclavitud para manipular, es otra historia que pronto me tocará contar pero no entra acá)
Y ahora somos dejados en silencio.

Y conjeturamos, suponemos, revolvemos dentro de nuestra propia ansiedad.

Hace falta mucho entrenamiento para mantenerse al margen, para aislar el silencio de otro como un campo quirúrgico, pero sobre todo hace falta estar dispuesto a hacer de cada comunicación una biopsia.

Un remedo aburrido de contacto con el otro que no es lo que teníamos en mente.

Hace falta mucha valentía para decir a alguien, lo que sentimos, lo que deseamos, lo que esperamos, lo que soñamos, lo que necesitamos, lo que creemos… lo que nos habita, pasando sobre el riesgo que implica «abrirse en canal» para mostrarse y darse.

Y ser cobarde es mucho más fácil.

Negamos lo que somos, lo que sentimos, lo que nos pasa, lo que sabemos, negamos incluso nuestras circunstancias porque como no sabemos qué hacer con ellas preferimos no mencionarlas hasta que explotan en la cara del otro y este siente que el mundo ha quedado sin cielo, y sin suelo.

Se da cuenta de pronto que no lo han tratado como un ser humano sino como un objeto que se acomoda ya aquí, ya allá, de acuerdo con la circunstancias.

Pero siempre excluido, obviado, postergado.

Nos escudamos en cuánto de difíciles son las cosas para nosotros para no hacernos cargo de que tenemos un compromiso moral y afectivo con el otro, un compromiso que nosotros hemos adquirido de propia voluntad.
Y honrar esos compromisos a pesar de las circunstancias es una muestra de cariño y de respeto.

 

No podemos forzar al otro
a ser esclavo de nuestros tiempo,
el otro debe poder tener la libertad
de elegir o no nuestras circunstancias
y sólo la tendrá si lo participamos en ellas.

 

Esto no significa que tengamos que interrumpir nuestros procesos internos, no que tengamos que dar explicaciones que entran en el ámbito de nuestra intimidad o nuestro conflicto significa simplemente ser capaz de confia en el amor que tenemos y en le que recibimos y participar al otro de lo que nos pasa, delo que sentimos,y lo que pensamos, pidiéndole un tiempo para elaborarlo si es preciso y fijándolo en consideración al otro.

Y volver a habla y volver a pautar tiempos si es preciso y dejar al otro la libertad de aceptarlo o no.

Pero no podemos dejarlo a un costado de nuestra vida para recuperado sólo cuando sea necesario, cuando deba volver a cumplir su papel de consuelo, abrazo, contención, cariño, amistad, despeje, engranaje, arranque, reparación.
Pero elegir el miedo y traducirlo en silencios, omisiones, indiferencias o exclusiones es más fácil porque nos da la sensación de el control sobre los mundos, tanto propios como ajenos…

Sin darnos cuenta que en lo que de verdad logra es hacer que nuestro mundo sea tan asfixiantemente pequeño y pobre que puede manejarse todo con un dedo. Y en cuanto al de los otros… manejamos ciertas circunstancias a costa de el riesgo inmenso de que el otro decida que no valemos la pena el esfuerzo.

El juego del gato y el ratón es uno de los tantos hijos del miedo:

Y temo, temes, tememos,

Callo, callas, callamos,

Supongo, supones, suponemos.

y que juzgue

el que esté libre del pecado…

Es sabido que

«SI LE MOLESTA LO QUE RECIBE,
REVISE LO QUE EMITE»

Yo suel agregar en mis clases:

Y Si Lo Que Molesta Es Lo Que No Se Recibe,
Revise A Quién No Lo Emite.

Puro Sentido Común.
Pura Empatía.

Una Conclsión inevitable:

SÍ!
Somos amos de lo que callamos…
Los amos absolutos en un reino en el que sólo hay espacio para nosotros.Los reyes de un desierto de soledad y silencio.
Reyes que se llenan de palabras altisonantes e imágenes idealizadas de sí mismos para poder acallar el silencio ensordecedor…
Hasta que un día algo sucede, y nos obligan a quedar callados, a no poder distraernos en defensas y retóricas, en proyectos vacíos de futuros que nacerán mágicamente porque ni los estamos construyendo…

Y de pronto todo el silencio cae sobre nosotros hasta dejarnos sordos.
Para ser honesta,  (y sin importar lo que me gustaría creer de mí) no creo que haya sido ni mi crecimiento, ni mi necesidad de darme, ni mi búsqueda interior por tratar de emitir correctamente,o por aprender a valorar a quién me escucha que he dejado de jugar al silencio.

Ha sido mucho menos noble.
Creo que yo he dejado de callar más por claustrofobia que por valentía.

O lo que es lo mismo…
Por miedo al encierro, más que por libertad.

 

Porque los miedos que engendran al silencio
pueden ser tan inmensos y tan aterradores
que no dejan mover
y al mismo tiempo se apoderan
de nuestras voluntades
como de marionetas sin cabeza.

 

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POST 7 (4)

SE – DUCERE

Hace un tiempo reflexionábamos sobre la tentación de influir sobre las personas (Ver: –«CÓMO GANAR AMIGOS E INFLUIR SOBRE LAS PERSONAS«) hoy vamos a ir un poco más lejos, vamos a hablar de Seducción.
Pero no del encantador juego entre dos que se atraen conscientes y consensualmente, sino de la Seducción como sobre-adaptación, máscara y muchas veces como arma.

Seducción proviene del latín seducere guiar aparte, desviar hacia sí.
El término mismo plantea un conflicto de intereses: los del conductor y el conducido.

Vivimos en un ambiente de seducciones sobreestimuladas, la publicidad, el marketing, incluso la política nos encierran en un mundo de promesas incumplidas llenándonos de una insatisfacción y frustración que nos deja altamente vulnerables a nuevas seducciones.

Así, cada vez más la seducción ha pasado de ser un complemento del juego erótico (para conseguir algo en este plano era necesario “conducir” al objeto del deseo lejos de las miradas sociales para proporcionar tanto intimidad como discreción), a una técnica de supervivencia; todo lo que se relaciona con la supervivencia es una necesidad y todas las necesidades (bajo las circunstancias apropiadas) son susceptibles de convertirse en adición.

En esta época de afectos y emociones edulcoradas, la falta de profundidad y/o visceralidad en nuestras relaciones humanas nos generan dosis insostenibles de frustración.

POST 7 (8)

«CÓMO GANAR AMIGOS E INFLUIR SOBRE LAS PERSONAS»

Para los que ya tenemos un par de años en el tintero, este título puede resultarles familiar.
De hecho es el título de uno de los libros más populares de Dale Cardnige, (algo así como el primer Sales Coach).
En términos generales el libro aborda las dinámicas utilizables con el objeto de ”Convencer» (Vencer Con) para ganar la voluntad del otro en nuestro propio beneficio.
No tengo intención de polemizar sobre el contenido del libro mucho menos extrayéndolo de su contexto temporal, social y económico, solo resalto el hecho de que su razón se ser, se basa en la creencia antigua y generalizada de que de hecho podemos influir sobre los otros…

Ah sí…?!

Nos gusta la idea: fantasear con que, por nuestra única voluntad, podemos cambiar la vida de alguien. Saborear la certeza escondida de que podemos ser su gurú, su modelo, incluso su mecenas espiritual; o por el contrario, jugar en las sombras con ideas obscenas de que somos capaces de imponer al otro nuestra voluntad y convertirlo en nuestro dependiente, o nuestro sometido; cuando no directamente en nuestro esclavo.

Del mismo modo nos deleita la idea de que somos víctimas de la influencia perjudicial o benéfica de un otro sagrado o maldito (muchas veces alternativamente) que ha quebrantado nuestra voluntad dejándonos indefensos, pero sobre todo irresponsables.

Queremos ser aceptados, así que para lograrlo, somos capaces de diluirnos en una serie de ritos camaleónicos en los que nos convertimos en aquello que el otro defina, con un fin doblemente siniestro: obligarlo a que nos quiera más allá de su voluntad y hacerlo único responsable de nuestra dilución. Queremos inspirar respeto, admiración, reconocimiento (y un poco de veneración no vendría mal siempre que fuese moderada y discreta, y quedase en claro que nosotros no somos responsables).

Adoramos al par mágico «TENÉS RAZÓN» casi tanto como veneramos al trío «SOS LO MÁS» y al quinteto «ME CONVERTÍS EN UNA MEJOR PERSONA» y eso por no mencionar al unitario «GRACIAS» (Especialmente si viene subtitulado: «no sé que hubiera hecho sin vos», «me salvaste», «sos maravilloso» etc. , etc.) Los usamos como moneda de corrupción mucho más seguido que como expresión sensible de nuestra naturaleza.
Y además exigimos que se usen hacia nosotros con recogida humildad rallana en la humillación, como un reconocimiento a que el otro sin nosotros no es suficiente, ni aceptable, y a veces ni siquiera posible.
Te lo digo y vos respondés positivamente a mí, me lo decís, y yo te respondo de igual modo. Los acopiamos, los intercambiamos, los inventariamos, los revivimos y por supuesto… NOS LOS CREEMOS, en un intercambio inflacionario que insulfla en nuestro ego un gas pestilente que más tarde o más temprano se escapará en forma de reproche, de reclamo, de humillación, de desvalorización:

«VOS SIN MÍ NO SOS NADA!!»

«SI NO TE AYUDO YO VOS NO PODÉS»

«HASTA QUE ME CONOCISTE VOS NO SABÍAS VIVIR»

«CONMIGO APRENDISTE A…. «(y la lista va desde usar el pasamanos hasta contruir una represa)

«YO TE VOY A SACAR BUEN@»

Como si el otro no participara con su consentimiento, su voluntad de aprender, de aceptar, de rediseñarse, como si el otro fuera apenas una voluntad deslumbrada por nosotros.
Siii!!, porque nada como la fantasía de nuestra aura magnificente reflejada en las pupilas de un otro influido, casi hipnotizado por nuestra grandeza, nuestra inteligencia, nuestro encanto, o lo que sea: es que somos tan grandes, tan bellos, tan perfectos… tan vacíos y tan esclavos.

Tanto que somos incapaces de ver que con esas fantasías nos situamos en la otra punta de la misma trampa en la que sucumbimos cuando nos dejamos criticar y juzgar impunemente.
Podrá cambiar el glamour, pero la dinámica es la misma: EXISTIMOS EN EL ESTADO DE ÁNIMO DEL OTRO Y PRETENDEMOS QUE EL OTRO EXISTA EN NUESTRO ESTADO DE ÁNIMO.
Entre mesiánicos y mefistofélicos nos perdemos de la única verdad… que nuestros radares se detectan cuando estamos listos para encontrarnos y compartir unos metros de mutua experimentación, y no cuando hacemos o nos hacen una entrada triunfal y profética.

Estamos dónde somos convocados y nos convocamos al mismo tiempo, somos tan responsables de los resultados de esta posición como quien la comparte. Tomemos la decisión que tomemos al respecto SIEMPRE ES LA CORRECTA, y siempre es en beneficio mutuo.
Esto significa que podemos hacer cualquier cosa que se nos ocurra porque en realidad no existe y no somos responsable? Si, y ese razonamiento a su vez significaría que no importa cuánto nos hayamos «movido», no dejamos ni al vacío y ni a la esclavitud demasiado lejos.

Responsabilidad se refiere etimológicamente a la «habilidad de responder» y el derecho la define como a la «capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente».

En definitiva, el hecho de que en términos supralumínicos no sea real, no nos libra de tener que responder por las elecciones de nuestro libre albedrío, y para sacar de esto toda connotación kármica de culpas crímenes y castigos vamos a ponerlo en términos simples… deberemos responder los «¿Para qué?» de nuestras elecciones, y como se ajustan esas respuestas a la coherencia del plan divino nos dará la idea de que tan sabia ha sido nuestra elección, por ende nos da la posibilidad de ratificar o rectificar nuestro camino y nuestra línea de experimentación.

Si con un poco más de conciencia pudimos haber aprendido lo mismo sin sufrir o sin participar en el sufrimiento del otro, si con un poco más de compromiso con la Luz pudimos habernos corrido de una situación y evitar ser el coparticipe de energías mal calificadas… todo está ahí, en los «¿Para qué?», en la conciencia de nuestra Responsabilidad, como siempre, lo que importa son las preguntas.

Se acuerdan que en la primera reflexión decíamos:

NOSOTROS SOMOS LO ÚNICO QUE PODEMOS UBICAR, DILUCIDAR, COMPRENDER Y CAMBIAR. LOS DEMÁS SON EL ESPEJO QUE, EN NUESTRA INFINITA SABIDURÍA, CONVOCAMOS DELANTE NUESTRO PARA PODER VERNOS.

Ese es nuestro único poder real de influencia, no podemos, nunca pudimos y nunca podremos influir sobre el otro sin su consentimiento y la participación de su voluntad, entonces no podemos arrogarnos ese mérito porque si el otro lo consciente no es influencia, es lo que siempre ha sido: coparticipación.

Ahora, en términos de coparticipación, a lo que sí podemos aspirar es a una vida de Responsabilidad y Compromiso con la Luz; que será sintonizada por aquellos que estén listos para esta experimentación y a quienes tal vez, solo tal vez, y con la gracia de Dios, tengamos el honor de servir de humildes catalizadores, de instrumentos más o menos finos para conocerse y bendecirse a sí mismos.

Así cada sonrisa, cada «Gracias», cada «Te quiero» no será un elemento de corrupción sino simplemente el modo sensible en que la divinidad se manifiesta a través nuestro para crear valor en el mundo y no para someterlo.

VIVIR LA LUZ, CATALIZAR LA LUZ, MANIFESTAR LA LUZ…
A MI ME SUENA A UN PLAN MUCHO MEJOR.
¿VOS QUE PENSÁS?

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