SÉ que más de una vez hemos postulado o nos hemos identificado con el ejercicio del perdón.
Perdonar, perdonarnos.
En “INMACULADOS” les decía:
Somos la Magnífica presencia de Dios en la Materia… la perfección no es algo para alcanzar, sino para experimentar, mirando atentamente cada una de nuestras máculas sin juzgar a ninguna y preguntándonos cuál es el don que encierra? Cuál es la Gracia que esconde?
Es el momento de un cambio honesto de paradigma.
Si, repetimos casi como autómatas que nuevas energías están llegando a la tierra y que debemos ser sincrónicos con ellas, pero cuando llega el momento del verdadero “Sacro Oficio” dejamos que todo lo que fue siga siendo.
Hay un amor inmenso en el perdón. Pero un error de enfoque.
Si pensamos en perdonar, pensamos en algo errado, mal hecho, malvado, mal intencionado.
Pensamos en lo que nos pasa fuera de nuestro albedrío, de nuestra voluntad.
PENSAMOS EN UNA ILUSIÓN.
Hablamos de dejarnos seducir por la idea de que podemos alejarnos de nuestra condición divina como si fuese algo que existe fuera de nosotros, algo a alcanzar a través de nuestros actos.
Lo que en verdad sucede,



