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EL ENCUENTRO DE LAS ALMAS

Andar este camino demanda elecciones y decisiones.
Muchas de ellas tienen que ver con la conciencia de estar de paso, o con la consciencia del desapego. No como un castigo, sino como una sutilización de nuestro estado de conciencia…porque podemos.

Sin embargo, ya que humanos, aspiramos al encuentro con el compañero de ruta, un alma afín que nos permita compartirnos sin reservas.
Mucho se ha dicho sobre el concepto de almas gemelas y no pretendo erigirme en seguidora o detractora de nada de lo dicho.
Sin embargo cuando se habla de “Almas Gemelas” parece que se hablara de una «remake remixado» del príncipe azul o la princesa encantada.
Ese proceso extraño en el que besamos sapos esperando que se transformen en otra cosa y lo único que consguimos es tener la boca llena de verrugas…
Y SEGUIMOS SONRIENDO…EL PRÓXIMO NO NOS FALLA.

No es extraño oír dentro del consultorio frases como:

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SE – DUCERE

Hace un tiempo reflexionábamos sobre la tentación de influir sobre las personas (Ver: –«CÓMO GANAR AMIGOS E INFLUIR SOBRE LAS PERSONAS«) hoy vamos a ir un poco más lejos, vamos a hablar de Seducción.
Pero no del encantador juego entre dos que se atraen conscientes y consensualmente, sino de la Seducción como sobre-adaptación, máscara y muchas veces como arma.

Seducción proviene del latín seducere guiar aparte, desviar hacia sí.
El término mismo plantea un conflicto de intereses: los del conductor y el conducido.

Vivimos en un ambiente de seducciones sobreestimuladas, la publicidad, el marketing, incluso la política nos encierran en un mundo de promesas incumplidas llenándonos de una insatisfacción y frustración que nos deja altamente vulnerables a nuevas seducciones.

Así, cada vez más la seducción ha pasado de ser un complemento del juego erótico (para conseguir algo en este plano era necesario “conducir” al objeto del deseo lejos de las miradas sociales para proporcionar tanto intimidad como discreción), a una técnica de supervivencia; todo lo que se relaciona con la supervivencia es una necesidad y todas las necesidades (bajo las circunstancias apropiadas) son susceptibles de convertirse en adición.

En esta época de afectos y emociones edulcoradas, la falta de profundidad y/o visceralidad en nuestras relaciones humanas nos generan dosis insostenibles de frustración.