Es decir que, en tanto tan estrictamente personal, cada vez que emito una opinión estoy dando algo de mi misma, que no sólo estoy ejerciendo el derecho a hacer conmigo misma lo que me parece mejor, sino que estoy honrando a mi interlocutor, porque lo valido, lo legitimo al punto de creer que merece que ponga en mi intercambio con él una parte de mi ser, de mi energía, lo que al mismo tiempo genera reacciones y vulnerabilidades en ambos sentidos…es decir que nos comparte.

